Despensa Lisboa en la actualidad

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Despensa Lisboa en la actualidad

La aventura de Despensa Lisboa comenzó en la década de los 60. Eran tiempos muy difíciles en España y no menos complicados en la zona de la Raya Hispano-Portuguesa: guerras, hambre, inseguridad… Fue un lugar donde, debido a su situación geográfica y social, arraigó fuerte la cultura del contrabando. Eso es conocido por todos, pero ¿cómo fue el contrabando en Valverde del Fresno y en otras localidades rayanas? Esta es la historia de Martín Carrasco, fundador de Despensa Lisboa.

Valverde del Fresno

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Valverde del Fresno es el pueblo más grande de la Sierra de Gata. Se encuentra en el rinconcito noroccidental de la provincia de Cáceres y tiene una población que se aproxima a los 2.500 habitantes. El acceso al pueblo, siempre complicado hasta entrados los años 90, favoreció la conservación de una lengua propia (la Fala), un paisaje con pocas alteraciones humanas y formas de vida ligadas firmemente a lo rural. Un lugar fronterizo con Portugal donde se vivieron dos dictaduras simultáneas, la guerra, el hambre y la necesidad de sobrevivir. Así comenzaron las «peculiares» rutas comerciales: el contrabando había llegado para quedarse.

Entre 1940 y 1980, Valverde mantuvo una importante actividad económica, siempre unida al estraperlo. El contrabando significaba el clavo donde se agarró esta pequeña parte de población, quienes no necesitaron emigrar a zonas más prósperas de España para lograr mitigar el hambre tras la Guerra Civil. Se iba a Portugal a buscar lo que aquí no había, o se compraba, o se cambiaba mediante el trueque. La frontera más vieja de Europa iba a salvarles a su manera.

Martín Carrasco

La historia de Despensa Lisboa empieza con un pequeño joven llamado Martín, un chaval astuto y avispado desde temprana edad. Tanto lo era que, con 11 años, su madre descubrió que bajo su colchón tenia lo que significaba una fortuna en la época: 1180 pesetas. “¡¡Con ese dinero entonces te comprabas un caballo!! Imagina la cara de mi madre…”, exclama Martín cuando le preguntamos en el 2020 sobre este su pasado. El chico, lejos de ocultar la procedencia de tal cantidad de dinero, contó a su madre con total sinceridad que lo había obtenido acompañando a un portugués que cargaba un macuto hasta La Raya. “¿Un macuto?”. La madre pensaba que era una excusa barata y el chico, por supuesto, quedó castigado.

Un día, mientras estaba en su habitación cumpliendo condena, Martín se asomó por la ventana y vio al portugués caminando por la calle. Sobresaltado, gritó a su madre: “¡Mira ma, mira ma! ¡¡Ese hombre es!!”. La madre fue a buscar al hombre en cuestión y éste le contó la verdad: Martín le ayudaba con la carga en las pronunciadas cuestas que existían hasta las cumbres de La Raya. Una vez comenzaba la bajada hacia territorio luso, el hombre lo hacía solo, sin apenas dificultad, y recompensaba a Martín por su trabajo, quien volvía a su casa como si nada hubiera pasado. Tras conversar entre ellos, la madre lo comprendió. Al día siguiente, el chico fue de nuevo a cargar.

“Martín, ¿no tienes miedo?”, le preguntaba a menudo el portugués al pequeño. Y él, con una valentía impropia de su edad, le contaba que estaba acostumbrado al terreno por pasar su día a día, desde los 7 años, cuidando de las cabras por los mismos campos que transcurría la ruta. Y así comenzó a ganarse la vida Martín, en un lugar donde el futuro era incierto: escaso dinero, subsistencia diaria de lo que daba el campo, una sociedad dispuesta a marcharse hacia lugares más prósperos…

Los inicios en el contrabando del café

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Manuel Rui Azinhais Nabeiro es un importante empresario portugués dueño de marcas como Delta Cafés. Comenzó su carrera en el mundo cafetero a finales de los años 40 cuando, con 17 años, la prematura muerte de su padre le vio obligado a tomar las riendas de la empresa. Desde Campo Maior (Portugal), cruzó La Raya para vender café de contrabando. A día de hoy, tiene en su haber más de una ventinena de empresas y una importante fama mundial.

Un día, Martín, ya con 14 años y trabajando codo con codo con su cuñado (bastante mayor que él), quedó en un punto intermedio entre Valverde del Fresno y Portugal para cargar café, como hacía habitualmente junto a una cuadrilla de amigos. Allí apareció por sorpresa un familiar de los Nabeiro, un tipo siempre con un identificativo sombrero, que quedaría grabado a fuego en la vida de Martín. Mientras cargaba los sacos de café, Nabeiro llamó al chico e inmediatamente le dio 500 pesetas. Martín, muy ilusionado y contento, era la envidia de sus ocho acompañantes: “Querían que repartiéramos el dinero entre todos, pero les dije que no, ¡que el dinero me lo había dado a mí y era mío!”, espeta entre risas, recordando ese momento como si fuera ayer.

Y es que era una situación que, con el tiempo, Martín y los demás entendieron perfectamente. A Nabeiro le interesaba que los chavales aprendieran los caminos desde pequeños y se involucraran en estas rutas comerciales. Suponía un método fabuloso para la expansión y exportación de sus productos. Esas 500 pesetas representaban mucho dinero, ya que en esa época, por ejemplo, un kilo de café valía 27 pesetas. Era una «inversión» fantástica para su negocio.

Un negocio difícil

“No era un dinero sencillo. Comprabas el café con tu propio dinero, te lo traías y lo vendías. Si te pillaban, adiós. No era fácil…”, remarca siempre que se le pregunta por el contrabando del café. “Se ganaban 4 perras, pero «alimentábamos»a muchas personas: les dábamos trabajo, comían todos los días… En Valverde habría unas 250 personas trabajando para el café. ¡En aquel entonces no había ni pa’ comer! Si no hubiéramos hecho eso, tendríamos que haber robado para vivir”.

Esa era la realidad de España. Había terminado un periodo de guerras y venían tiempos de hambre y miseria, con las zonas rurales como principales focos afectados. En Valverde se fomentó el estraperlo de todo tipo con los portugueses: ”En España había acabado la guerra y, aún así, estaba 300.000 veces mejor que Portugal”, explica Martín con cierto desconsuelo.

En cuanto a los contrabandistas, su misión era sortear la vigilancia de los guardias de ambos lados de la frontera, recorriendo campo a través la vegetación de los extensos montes de La Raya. Caminos que se usaban, caminos que se evitaban… Esta vida, que tantos lujos y beneficios traía -a ojos de quien no la practicaba-, era más difícil de lo que parecía: “Muchos guardias entendían que lo hacíamos para no pasar hambre, tenían buen corazón. Pero otros, especialmente los guarditas de Portugal, eran peores”. Y es que, en algunos momentos, el contrabando se convertía en una verdadera película de acción en la que ponías en juego tu vida. “A mí una vez casi me matan, empezaron a tirotearme los guardiñas. Aparecieron por sorpresa y se pusieron delante de mí, cortando el camino. No tuve más remedio que atravesar por delante de ellos como pude con el caballo. ¡¡Escapé mientras me pegaban tiros!! Los contrabandistas de verdad huyen, no se enfrentan a los guardias ni les tirotean”, cuenta Martín resoplando todavía. Sabe que tuvo suerte de escabullirse sin un rasguño de aquella situación.

De donde no pudo librarse fue de pasar un corto periodo de tiempo en la cárcel. En una de las expediciones nocturnas, los guardias le pillaron con un cargamento de café. Ingresó en prisión y tuvo que pagar 1 millón de pesetas. “No sólo arriesgabas tu dinero, también arriesgabas tu libertad”.

Martín, con 70 y muchos años llenos de singulares experiencias a sus espaldas, nos confiesa el que considera el mayor regalo que atesora: “Yo siempre voy con la frente alta. La herencia más grande que le puedo dejar a mis hijos es la reputación”.

Despensa Lisboa en la actualidad

A día de hoy, Despensa Lisboa es un referente en Sierra de Gata. El comercio, que despacha alimentación de todo tipo, cosmética o decoración del hogar, tiene como pilar fundamental el café y los productos de la tierra. Y cuando decimos de la tierra nos referimos tanto a España como a Portugal.

Tras más de 25 años de experiencia en el sector de la alimentación, la empresa ha evolucionado para llevar Despensa Lisboa a todos los hogares de España mediante la venta online, con productos artesanales, sanos y lo menos procesados posible. Cuenta con una tienda física de Valverde del Fresno y un almacén desde donde distribuye a toda España. Además, su red de proveedores elabora los productos con materia prima de temporada, rescatando los sabores de La Raya.

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